22 de octubre de 2007

Villa de las Rosas - Traslasierra - Córdoba

La ruta 14 nace en la ciudad de Villa Carlos Paz, atraviesa las Sierras Grandes, llega a Mina Clavero, y ya en pleno valle de Traslasierra se dirige resuelta y valientemente hacia el sur en busca del límite con la vecina provincia de San Luis para terminar allí su recorrido.









Villa de las Rosas - Traslasierra - Córdoba

En este largo camino la ruta va acompañada por la Sierra de Comechingones, cuya majestuosa omnipresencia, a veces con sol, otras veces cubierta por las nubes, va enmarcando el paisaje a lo largo de todo su recorrido.

Y mientras la ruta 14 avanza, va cruzando poblaciones como el pequeño Arroyo de los Patos; Nono con el rojo techo de la iglesia San Juan Bautista; Las Rabonas, Los Hornillos, Los Pozos, Villa de las Rosas, Las Tapias, San Javier, Yacanto, La Población, Travesía, Luyaba, Corralito y La Paz.

Poco antes de llegar al límite con San Luis, pasa por los diminutos parajes de Las Chacras, Quebracho Ladeado, Cruz de Caña y La Ramada.

Rodeada de una siempre verde y tupida vegetación a sus costados que resiste valientemente a los inviernos, es en Villa de las Rosas donde este paisaje se hace quizá más destacado en ese tranquilo rincón en el medio del valle.



Con una fuerte personalidad
Con una muy especial personalidad Villa de las Rosas recibe a sus visitantes con una amplia gama de productos elaborados por quienes saben que la paciencia es la mejor receta: miel, frambuesas, zarzamoras, higos, dulces artesanales, licores, alfajores, aceite de oliva, alimentos naturistas, queso de cabra y escabeches. También se incluyen cultivos de orégano, olivares, criadero de conejos, y una granja caprina.

Sumado todo esto a la presencia de artesanos y artistas con sus esculturas, pinturas, trabajos en cobre, muebles artesanales, cerámica negra y tejidos. Cuidadosos detalles acompañan a los sitios preparados para el disfrute de los turistas, como los senderos con hermosos recorridos que van alegremente costeando los arroyos de Los Hornillos y Los Molles.

Fáciles y seguros para grandes y chicos, tienen la magia de introducir en instantes a quienes los recorren en un mundo de sonidos con el canto de las aves y el rumor del agua siempre presente. Así se acalla, prontamente, el ruido de la ruta cercana.

Esto ocurre en el Sendero de los Ruiseñores, donde al seguirlo, aparece una misteriosa tapera escondida entre la espesa vegetación, que da rienda suelta a la fantasía, cuando uno intenta imaginar quienes pudieron ser sus antiguos moradores.

Imponentes algarrobos conviven con altas palmeras plantadas vaya a saber desde cuándo, señalan la entrada a una respetable casona, hoy también en ruinas.

Cortaderas al costado del arroyo, con blancos y enhiestos penachos contrastan con el azul del cielo. De lejos puede entreverse el monumento erigido en recuerdo del cacique Guasmara, quien desde lo alto, sereno y vigilante, se yergue protegiendo desde la eternidad a su s tierras y su gente.

En homenaje a la naturaleza se abren senderos con nombres que se inspiran en ella: de los Zorzales; del Rey del Bosque; de la Reina Mora y de las Mandiocas, para nombrar algunos.

Balneario Guasmara
A pocas cuadras de la plaza San Martín, se encuentra el camping y balneario municipal Guasmara. Tres grandes piletas se alimentan del arroyo y de una vertiente.

Cuenta con una infraestructura de sanitarios, asadores y proveeduría que atiende en verano. Al costado de las piletas, un imponente algarrobo habla de una existencia de 350 años. Bajo su imponente fronda, según cuenta la tradición, el cacique comechingón Guasmara reunía la tribu para honrar a la Pachamama.

El árbol también fue testigo de otros tristes acontecimientos durante la época de federales y unitarios, como lo explica el cartel colocado en su tronco.

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