Ubicándose en un punto determinado de la plaza de San Pedro es posible observar las 284 columnas dóricas alineadas detrás de una sola; también ver el techo de
La ciudad del Vaticano,
Si se está de viaje, para visitarla primero hay que armarse de paciencia: para entrar a este templo vacío, de tamaño reducido y colmado de visitantes todo el tiempo todo el año, es necesario pagar entrada y hacer una fila que puede llevar varios pisos, en las estrechas escaleras de los salones vaticanos.
Al ingresar, el cielo se hace realidad. La magnificencia de la obra de Miguel Ángel consigue que las personas pasen horas mirando hacia arriba. Algunos se echan sobre el piso de cara al techo y se concentran; en horas “pico” la permanencia en el lugar queda reducida a unos minutos, para que todos puedan entrar.
La serie de figuras bíblicas que Buonarroti logró plasmar en una posición (imaginamos) muy incómoda, se ha representado universalmente en dos frescos:
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