9 de abril de 2007

Un rally por la avenida Colón

Es una lucha. Andar por la Colón, digo. Esperar el rojo del semáforo, esquivar las bolsas de basura, soportar el estruendo de los bocinazos. No es para cualquiera. Yo no sé si su recorrido es el clásico cordobés, diría más bien que es un punto obligado. El Aleph cordobés: ahí está todo, desde puestitos que te venden películas grabadas en DVD hasta el edificio de una telefónica.

Por acá también hay “epicentros culturales”, claro que sí. Pero no tienen esos nombres elegantes como el Malba o el auditorio de Gandhi. Acá, esos puntos están representados por lugares como el Estadio del Centro y la Usina. Te quiero ver por ahí a la salida de un baile, porteñito. Agarrate, cara de pollo. Se te cruzan las chichices alzadas, los cacos en motito y los travas con tonada. Nada de chabones ni de Palermo Hollywood. Y ahí te quiero ver.

Tranquilo, que también hay buena gente. De día y de noche. Que te ayuda a parar un taxi, que te encuentra un apodo a dos minutos de haberte conocido, que te discute de fútbol como de política. Todo en una avenida repleta de barcitos añejos, de cineclubes, de pibes que te ofrecen folletos de peluquerías o la revista La Luciérnaga.

Porque claro, of course, la ciudad alberga espacios dedicados a la Cultura, de esa que se escribe con mayúsculas. De aquella que parla in verschiedene lenguages. Oui. La Colón es cultura. La Colón es poesía, por eso ha parido a tantos Salzanos.

En un momento, la cruza La Cañada: una esquina emblema de toda la ciudad, la cordobesidad en su máxima expresión, la musa de todos los artistas. Pero eso ya es otra historia, más digna de un cuarteto que de un post. A mí dejame caminarla.


Nota a los lectores: Como si lo narrado no alcanzara, la foto (vía cordoba.net) muestra una cripta jesuítica descubierta bajo la avenida Colón.

Escrito por Córdoba (Pajaritos de papel).

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